¿Es una residencia una buena opción para atender a personas mayores con una enfermedad mental?

Por Javier Cámara

Como está pasando en otros ámbitos, el imparable envejecimiento de la población está haciendo de las residencias de personas mayores un recurso fundamental en la atención sociosanitaria. Por otra parte, que uno de los motivos de ese aumento de la esperanza de vida sea el avance de la ciencia en el campo sanitario hace que, por ejemplo, crezca en proporción el número de personas mayores con enfermedades mentales con necesidad de atención.

¿Con qué nos encontramos? En muchas ocasiones, se envía a estas personas con una enfermedad mental a una residencia. Pero, ¿son las residencias el lugar adecuado para atender a enfermos mentales?

La Asociación de Ayuda a Personas Mayores con Enfermedad Mental (AGAM) es una entidad de iniciativa social sin ánimo de lucro que tiene como fin ayudar a las personas mayores con enfermedades mentales. Lo hace mediante la formación de profesionales del ámbito socio sanitario y la creación de proyectos innovadores en el sector de la Dependencia.

La presidenta de AGAM es Margarita Ibáñez Chércoles, que ha explicado a Dependencia.info que están llevando un programa piloto «que está dando muy buenos resultados», que está seguido por la Generalitat de Cataluña y es la creación de 6 pequeñas unidades dentro de las residencias asistidas para personas mayores de 65 años con enfermedad mental.

Sobre si están preparadas las residencias para atender a personas mayores con enfermedades mentales, Margarita Ibáñez considera que «el problema principal es que el personal no está formado». Subraya que «las residencias podrían formar unidades en función de su tamaño, pero también está creando problemas que estas personas están ingresando en las residencias sin ningún control».

Entonces, ¿una residencia no es una buena opción para atender a los enfermos mentales? 

Ibáñez Chércoles aclara: «Sería una buena opción siempre y cuando se tuvieran en cuenta los requisitos del proyecto que hemos desarrollado en AGAM, que no son estructurales, son iguales que otras residencias, pero que pasan por que el personal esté formado».

Apunta, también, que «hay que tener en cuenta que este tipo de personas requieren de otro tipo de actividades y no se pueden comparar con las demencias ni con la enfermedad de Alzheimer». Por ejemplo, concreta, «estas personas necesitan espacios para fumar porque es un desahogo para ellos».

«También necesitan un referente personal. En estas pequeñas unidades tendría que haber un referente, ya que estas personas se dispersan y un tutor es su referencia para cualquier cosa, que ellos tengan claro que para cualquier problema tienen que ir a esa persona, que no tienen que ir a otra enfermera o a otra persona», matiza la responsable de AGAM.

Por lo demás, dice, «la estructura de la residencia es la misma. En este proyecto no hay que invertir, no hace falta una inversión». También señala «que hay que establecer un contacto con los centros de salud mental y hay que llevar una coordinación, que es lo que nosotros estamos haciendo».

Hay que aclarar que cuando hablamos de salud mental nos referimos a trastornos de conducta, esquizofrenia, depresión, es decir, toda la gama de enfermedad mental. «El problema en Cataluña -continúa Margarita Ibáñez- es que la red de atención a la salud mental llega hasta los 65 años. A esa edad es como si estas personas desaparecieran».

¿Abuso por parte de la Administración?

Preguntada si considera que puede haber un abuso (o falta de información) por parte de algunas administraciones que envían a personas con enfermedades mentales a residencias que pueden no estar preparadas, la presidenta de AGAM es clara: «Yo no hablaría de abuso, pero sí sucede que, cómo no hay otro servicio, todas estas personas mayores con enfermedad mental van a la bolsa de la Dependencia».

Pero entiende que esto tampoco es justo: «Estos pacientes, como físicamente están bien, tienen un grado 2, que significa que no necesitan más que una supervisión, pero nadie tiene en cuenta que hay que tener un seguimiento psicológico igual que un alzhéimer de grado 3».

Por esto, sugiere que primero se tendría que revalorar a estos pacientes, que aunque es verdad que muchos está perfectamente, «a otros, a partir de los 65 años se le unen otras patologías, como la diabetes o que vaya en silla de ruedas».

En este sentido, «la Administración catalana conoce perfectamente este grave problema, pero choca con el dinero, es decir, no hay presupuesto y vamos todos a la bolsa de Dependencia».

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